Sur o no Sur

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Recuerdo como detestaba de chica las clases de inglés. En primaria iba a clases de apoyo en y fuera de la escuela. Me aburría enormemente. Mis viejos intentaron en vano que vayamos a particular; tanto mi hermano como yo nos las ingeniamos para desistir a los pocos meses de empezar. Así transcurrí con mi inglés a pura fonética hasta que a mis 27 conocí a Juan. Al poco tiempo, Juan me confesaría que ya tenia fecha de partida hacia Inglaterra. Una cosa llevó a la otra, y a mi me llevó a casamiento – Ezeiza- Londres casi sin escalas.

El shock fue brutal. Por aproximadamente dos años cada vez que intentaba pronunciar una frase podía sentir perfectamente como se me iba anudando la lengua, entumeciendo la cara, paralizando el cerebro. Las personas que se arriesgaban a entablar una conversación conmigo terminaban desconcertadas, tratando enseguida de buscar alguna excusa que las auxilie de continuar viendo mi contorsionismo gestual para hacerme entender.

El orgullo y mi cabezadurez, más un gran apoyo de Juan, hicieron que poco a poco me amigara con ese idioma maldito, que me sentara a estudiar, que aceptara mi acento marcadamente sudamericano, y que me perdonara por las burradas que me mandaba. Fui aceptando de a poco el lugar en el que estaba, su gente, su lluvia cons-tan-te, su verano inexistente, su monarquía empalagosa…

En este lugar nació mi hijo, que próximamente será argentino por opción, italiano por conveniencia, y quizás británico por las dudas. Pero curiosamente, es en este momento en el que toda mi resistencia cultural se vuelve a despertar. Quiero que Luca sea argentino, mame su cultura, su idiosincrasia (cual será?), que sufra viendo a River…que sea lo menos británico posible…

El otro día le leía Mafalda, fue una presentación muy especial para mi. Mafalda fue mi compañera nocturna por muchos años en los que leí, releí y volví a leer cada tomo de Quino. En casa en este momento sólo tenemos el tomo 6, en el que ya esta Guille pero todavía no esta Libertad. En el próximo viaje a Argentina vendrán los otros, y muchos más. Hoy por hoy nuestros días bailan al son de Ruidos y Ruiditos y Piojos y Piojitos; María Elena no podría faltar; le siguen Mercedes Sosa, Drexler, Aristimuño, Calle 13…hasta Atahualpa Yupanqui! Necesito transmitirle la cuota diaria sudamericana; que en cada nota, en cada pagina, en cada relato, Luca vaya mamando su ser sudamericano y argentino (el tema de la familia y los afectos será tema para otro post, demasiado cargado para incluirlo aquí).

Sé que en el futuro también se vendrán canciones en inglés, que Luca escuchara a su madre balbucear frases descoordinadas que seguramente corregirá. Que quizás por vaya uno a saber cuanto tiempo Luca se convertirá en un híbrido como lo son ahora sus padres. Acepto resignada que nunca será totalmente de ninguna parte hasta que nosotros también entendamos en dónde queremos estar.

Dicen que uno nunca vuelve al lugar del que se fue, que no vuelve a ser el mismo de antes ni vuelve de la misma manera. Luca nunca se fue de Argentina. Por el contrario, estamos preparando su pronta llegada, el encuentro con sus raíces. Espero con ilusión que este y los viajes que vendrán hagan que Luca ya no pueda volver a esta isla…por lo menos no de la misma manera.

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