Una es una y sus contradicciones

ImagenCuando quedé embarazada estaba justo arrancando la segunda parte del doctorado. Mi tiempo estaba repartido entre la investigación y mi pequeño trabajo en la biblioteca de la universidad. Juan había vuelto hacia poco de Nueva ‘9 meses eternos’ Zelanda, y estaba dando clases en la misma universidad. Los fines de semana salíamos con amigos, o al cine, o a cenar. La alarma del despertador sonaba siempre a las 7 de la mañana, los fines de semana se apagaba de un manotazo alegre; desayunábamos en la cama. La guita no sobraba pero siempre alcanzaba, haciendo malabares, para llevarnos a donde queríamos ir.

El embarazo no cambió demasiado la rutina. Me hice más amiga de la coca cola y abandoné por un rato la cerveza. Las mañanas ya no empezaban con el despertador sino conmigo corriendo al baño, o despertando a los gritos por algún calambre asesino.

Hasta casi los últimos días escribí; mis supervisores habían recibido sorpresivamente bien la buena nueva pero habían pedido un capítulo completo antes de empezar la licencia. Fueron ellos los que sugirieron que me tome el año completo; yo estaba segura que iba a volver antes, que a los 6 meses como máximo estaba de vuelta. Esa fue mi idea. Aun cuando quizás no iba a poder escribir demasiado (porque en ingles me cuesta mucho más) iba a seguir estudiando. Luca dormiría bastante (eso es lo que los bebes hacen, verdad?), yo iba a seguir con mis actividades mientras él durmiera; lúcida; flaca; maquillada y bien peinada; activa.

Es sorprendente lo tenaz que soy para llevar adelante ridiculeces. Porque lo intenté. Lo de flaca, maquillada y bien peinada no iba a pasar nunca, pero intenté mantenerme activa. Apenas Luca se dormía me sentaba con él en mis brazos delante de la computadora. Abría un pdf, me ponía mi cuadernito de notas al lado, a los cinco minutos cabeceaba, a los siete minutos estaba tirada en la cama con bebe sobre mi pecho, a ronquido suelto. Aun ahora que estamos más organizados y Luca un poco más grande, me toma días poder terminar de leer o escribir algo.

Es entonces que me pongo de mal humor y le lloro a Juan que estoy cansada, que necesito tiempo para mí, que mi doctorado se va a ir por el inodoro si no sigo estudiando, que estoy gorda, que las ojeras, y el rosario de lamentos sigue.

Es entonces que buscamos soluciones. Luca va a empezar a ir a guardería cuando yo vuelva a la uni. Empezamos a averiguar para reservar con tiempo en algunas que nos recomendaron (nos enteramos que acá algunas parejas ya reservan antes de que ella quede embarazada, planificación que le dicen). Fuimos a ver un par; cada vez que entramos sostengo a Luca con fuerza, no paro de besarlo. Cuando llegamos a casa lloro. No quiero dejarlo, no quiero que pase el día lejos mío, sin mamá. Ahh pero cierto, mamá necesita tiempo para ella! Lloro. Sufro de pensar que bebe va a estar tanto tiempo en otro lugar con otras personas. Pero a la vez…

Necesito tiempo para mí. Juan llega más temprano del trabajo, salí un rato mi amor, que la pases bien. Me arreglo rápido, salgo de casa casi corriendo. A las cuadras ya los extraño, extraño a Luca, quiero volver. La paso bien haciendo lo que sea que arreglé para hacer, pero la vuelta a casa se hace a paso ligero, salto de locura cuando lo veo a Luca.

Necesito tiempo para mí. Esta vez no salgo, pero arreglamos que Juan se ocupa de bebe mientras yo hago X. No me relajo, estoy pendiente de lo que ocurre en la otra parte de la casa. Si Juan está por cambiarlo le grito que no se olvide de ponerle la cremita que tiene la colita un poco roja, y que mejor le ponga tal camisetita con tal pantalón porque…No puedo correrme, dejarlos solos, revoloteo sobre Juan y Luca cual helicóptero. Juan me tira mirada asesina y me pide que me vaya un rato…que necesito tiempo para mi. Pucha, cierto. Vuelvo con cabeza gacha a la computadora.

Así es el vaivén gataflorista en el que me encuentro. Mi salud mental y la de todos pide a gritos tiempo lejos de bebe, pañales y toallitas húmedas. Hay veces que no aguanto más, que estoy cansada y extraño mi pequeña vida anterior a la maternidad. Sólo por un rato, hasta que se concreta alguna alternativa que me lleva lejos de Luca, que hace real ese tiempo para mi. Ahí quiero volver, quiero estar con él, con Juan, quiero leer mientras le soplo burbujas a Luca, mientras me tiro en el piso a jugar con la convicción de que ya nada va a ser como era antes, simplemente porque no quiero que así sea.

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4 comentarios en “Una es una y sus contradicciones

    • Hola! recién pasé a leerte por el blog y tu relato de la llegada de pibito Luca me hizo acordar tanto a la llegada del mío, qué locura!! Espero que escribas pronto así nos leemos seguido. Beso a vos y a Luca

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