Hijo al jardín, madre al rincón

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Volví caminando lo más rápido que pude. Había dejado a Luca por primera vez en el jardincito (parece ser que ‘guardería’ es políticamente incorrecto y yo soy muy correcta). Me senté en la computadora y abrí un Word. Juan me había pedido hace tiempo que escriba la reseña de un libro y la fecha de entrega era en unos pocos días. Puse el título y escribí unas pocas palabras como primera oración. Fue entonces cuando me bajó la presión. Tuve que tirarme unos minutos en el piso. Recién ahí me di cuenta lo tensa que estaba.

La mañana había transcurrido sin problemas. Preparé las cosas que Luca tenía que llevar chequeando obsesivamente la lista que nos habían dado las maestras. Después del almuerzo salimos. Todo el camino hacia el jardín fui repitiéndome lo necesario y beneficioso de este cambio.

Luca necesita estar con otra gente además de nosotros, con otros bebes de su edad, en un ambiente en el que se hable inglés constantemente. El jardincito es bueno y tenemos buenas referencias, las maestras son adorables, la salita esta buenísima. Sólo va a ir un par de tardes.  

Lo recité sin parar los 10 minutos que separan la casa del jardín(cito).

Además yo necesito tiempo para escribir, se viene el trabajo de campo, tengo que contactar gente. Esto nos va a venir bien a todos

.… me dije mientras miraba el techo tirada en el suelo. Había dejado a Luca llorando, eso era lo que me carcomía el alma.

Llamé a Buenos Aires, buscando el consuelo de mis padres. Madre me calmó como siempre lo hace. Me hice unos mates y traté de escribir hasta que se hiciera la hora de ir a buscarlo. Lo encontré jugando como pancho. La cara semi sucia con la tempera que usaron para hacerle a las mamás una tarjeta por su día (acá se festeja en marzo). Las maestras estaban conformes con como la había pasado por ser su primer día.

A ese primer día ya le siguieron unos más. A mi no me volvió a bajar la presión.  Por el contrario, empecé a sentirme cada vez más cómoda en mi rincón, en el  que armé con mis libros y apuntes, que me devuelve a mi doctorado, a mi investigación. Luca no volvió a llorar al dejarlo. Dicen las maestras que llorisquea de vez en cuando durante la tarde, pero que disfruta de las actividades que hacen y de estar con los otros bebes. Llega a casa cansado como nunca. Después del baño casi que se desvanece en los brazos. Brazos que no quieren soltarlo ni por un minuto desde el momento que lo agarran en la salita y lo alzan a upa, y lo llenan de besos y le cantan.

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