40º

Empezó a levantar fiebre al mediodía y no paró. Aguantamos con la esperanza de que, como había ocurrido otras veces, la fiebre bajara después de algunos remedios caseros. Cuando llegamos al consultorio de la médica se había clavado en 40. Luca hervía, lloraba, los ojos apagados, la cara roja. Nos derivó enseguida al hospital. En principio ella no detectaba nada que explicara el cuadro más allá del resfrío que Luca tenia. Había que hacer estudios exhaustivos y dejarlo en observación un par de horas. El viaje en taxi hasta el hospital duró menos de 10 minutos. Luca tomaba mucha agua, como si quisiera apagar el incendio en el que se encontraba. Yo iba poseída por todos mis fantasmas. Nos atendieron rápido indicándonos donde teníamos que acomodarnos, que ya llegaban las enfermeras, que ya llegaba el médico. Juan conservaba la calma y contenía a Luca que dormitaba en sus brazos. Yo me ahogaba en llanto. El chequeo dio un diagnóstico con el que llego un poco de calma. Luca tenía amigdalitis. Esperamos un par de horas más para que lo observaran y la fiebre terminara de bajar. En total estuvimos 4 horas. Luca fue volviendo de a poco. Después de transpirar, dormir y tomar la leche, abrió los ojos que habían vuelto a ser sus ojos, llenos de vida. El alivio permitió ver el paisaje alrededor. Camino al baño miraba cada una de las salas; salas adornadas con muchos dibujos, juguetes, televisores con dibujitos animados. En las camas los nenes y a su lado los padres remándola, hacían que el corazón se estrujase aun más.
Los hijos lamentablemente se enferman. TODO desaparece cuando eso pasa. Tus quejas, tus planes, tus preocupaciones, tus manías, tus boludeces, el mundo. Todo deja de importar y solo queres una cosa: que vuelva a estar tirándote de la pollera mientras le preparas la comida; que se trepe a la silla cual mono mientras intentas escribir un mail; que se ria fuerte mientras lo hamacas; que te pellizque el cuello mientras se duerme en tus brazos; que te clave sus 6 dientes con fuerza en el cachete a modo de beso. Que esa carita esté fresquita y esos ojos enormemente azules observen el mundo con la intensidad con la que lo saben hacer.

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