Doctorando Ando

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Nunca imaginé que iba a terminar haciendo un doctorado, y menos aun que lo haría con un niño revoloteándome alrededor. Y aun así, tiene tanto sentido. Pasé gran parte de mi vida (sino toda) estudiando, y lo hice siempre sintiendo mucho placer y con mucha dedicación. Me recibí de psicóloga casi una década atrás, y poco tiempo después empecé mi práctica como residente en un hospital público de Buenos Aires. Devota de la parroquia lacaniana, veía a la vida sólo a través de prismáticos psicoanalíticos.

La mudanza a Inglaterra borró todo eso. Mi ser psicoanalítico quedó en Buenos Aires. Lo busqué acá por un tiempo, pero no nos encontramos. ‘Acá Lacan solo se usa para analizar literatura y cine’ me dijo alguien cuando le contaba de mi búsqueda. ‘Es verdad que en Buenos Aires se pueden comprar las obras de Freud y Lacan en el supermercado?’ me preguntó otro.

Me había quedado sin brújula. En ese tiempo Juan estaba haciendo su doctorado en sociología política en Bath. Yo trabajaba de moza en un hotel para ayudar con la economía familiar y a la vez ponerme a tiro con el inglés. Por las tardes daba clases de español. De a poco fui agarrando los libros de Juan que leía a Zizek, a Laclau y a otros. Yo empezaba a conectar cada vez más. Fue entonces cuando me di cuenta que mi brújula eran (son) los libros, que lo que quería hacer era estudiar y meterme en la vida académica como lo estaba haciendo Juan.

Fue ahí que la vida me dio un empujoncito. Casi por azar, una conocida me mandó un mail sobre un programa de becas para maestrías que tenia a la universidad de Bath entre sus socios. ‘Con más culo que cabeza’ gané la beca. Hacia el final de la maestría salió la beca para el doctorado. El primer día entré a la oficina donde estaba mi escritorio temblando. Viré de la psicología a la sociología. Desde que comencé tuve mis altibajos, descubrí tempranamente la arrogancia que abunda en la academia como también lo gratificante de poder pensar con otros.

Al finalizar el primer año, llegó Luca. Cuando quedé embarazada estaba a punto de viajar a Ecuador donde iba a hacer mi trabajo de campo. El viaje y lo demás quedó en un paréntesis que despertaba más dudas que certezas. En el año que tuve de licencia no paré de estudiar, cuando podía y como podía. Y hoy, haciendo malabares con la guita y con nuestros tiempos, retomo finalmente mi trabajo de campo, que será un trabajo familiar. Distinto al plan original, esta vez viajamos tres. Juan y Luca vienen conmigo a Quito.

Y para allá nos vamos, en unos pocos días estamos partiendo y no puedo en este momento mas que mirar hacia atrás y recapitular todo lo que pasó desde que tomamos la decisión con Juan de casarnos y venir para acá. Finalmente, perderme por un rato fue una de las mejores cosas que me pasó. Me llevó a nuevas experiencias, a nuevos lugares, a gente, a Luca.

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4 comentarios en “Doctorando Ando

  1. Qué lindo que vayas podiendo cumplir tus objetivos y ver los frutos de tu elección. Me alegro mucho que puedas seguir los estudios en un paso tan alto y con una hermosa familia de regalo. Demostrás que por más que se complique, la vida no termina con la maternidad. Buen viaje y suerte con los estudios 😉

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